El síndrome del impostor es una experiencia psicológica más común de lo que parece, especialmente en personas comprometidas, responsables y con altos estándares personales. Se manifiesta como la sensación persistente de no ser lo suficientemente competente, de “engañar” a los demás con los propios logros y el miedo constante a ser descubierto como un fraude, aun cuando existen evidencias objetivas de capacidad y desempeño.

Aunque no se trata de un trastorno clínico, el síndrome del impostor puede tener un impacto significativo en la autoestima, el desarrollo profesional y la salud mental.

¿Por qué aparece el síndrome del impostor?

Este fenómeno suele estar relacionado con patrones de autoexigencia elevados, comparaciones constantes y contextos altamente competitivos. Muchas personas atribuyen sus logros a la suerte, al azar o a factores externos, mientras que internalizan los errores como pruebas de incapacidad personal.

También puede surgir en etapas de cambio: nuevos roles laborales, ascensos, inicio de estudios, emprendimientos o cualquier situación que implique salir de la zona de confort.

Consecuencias de vivir bajo esta sensación

Cuando el síndrome del impostor se mantiene en el tiempo, puede generar ansiedad, estrés crónico, miedo a asumir desafíos y una tendencia a la sobrepreparación o al perfeccionismo extremo. En lugar de disfrutar los logros, la persona vive en un estado constante de alerta, tratando de “no fallar”.

Este patrón no solo limita el crecimiento profesional, sino que también afecta la satisfacción personal y la capacidad de reconocer el propio valor.

La importancia de no normalizarlo

Muchas veces el síndrome del impostor se minimiza con frases como “a todos nos pasa” o “es parte del éxito”. Si bien es común, normalizarlo sin trabajarlo puede reforzar la idea de que el malestar es inevitable. Reconocerlo como una señal de alerta permite abordarlo antes de que impacte de forma más profunda.

Estrategias para prevenir y afrontar el síndrome del impostor

1. Reconocé tus logros de manera consciente
Hacer un registro de objetivos alcanzados y habilidades desarrolladas ayuda a contrarrestar la tendencia a minimizar los éxitos.

2. Cuestioná tus pensamientos automáticos
No todo lo que pensás sobre vos mismo es un hecho. Aprender a identificar creencias irracionales es un paso clave para reducir el autosabotaje.

3. Dejá de compararte constantemente
Las comparaciones suelen ser parciales y poco realistas. Cada proceso es distinto y responde a contextos y oportunidades diferentes.

4. Permitite aprender sin sentirte insuficiente
No saber algo no te hace incapaz. El aprendizaje forma parte del crecimiento, no es evidencia de fraude.

5. Hablá de lo que te pasa
Compartir estas sensaciones con personas de confianza o con un profesional ayuda a normalizar la experiencia sin reforzarla.

Para cerrar

No caer en el síndrome del impostor no significa eliminar toda duda, sino aprender a poner en balanza la autocrítica con el reconocimiento real de las propias capacidades. Confiar en uno mismo es un proceso que se construye con conciencia, autocompasión y trabajo personal. Reconocer tu valor no te hace arrogante; te permite ocupar tu lugar con mayor seguridad y bienestar emocional.

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